Brasil ya no es aquella selección del jogo bonito que deslumbraba al mundo. Enfrente tendrá a una Noruega con un ataque demoledor, un contraste de estilos que convierte este duelo de octavos de final del Mundial 2026, este domingo en Nueva York, en uno de los más atractivos de la ronda.
La Canarinha sufrió más de la cuenta para eliminar a una disciplinada Japón, evidenciando que sigue lejos de su mejor versión. Noruega tampoco tuvo un camino sencillo, pero superó a una Costa de Marfil que, en el papel, representaba un desafío de mayor exigencia física y futbolística.

El principal problema de Brasil es que depende demasiado de las individualidades. Cuando el funcionamiento colectivo no aparece, todas las miradas apuntan a que Vinícius pueda resolver el partido con una genialidad. Noruega, en cambio, transmite una sensación distinta: es un equipo compacto, intenso, con automatismos bien trabajados y que además cuenta con un Erling Haaland en estado de gracia, capaz de cambiar cualquier encuentro con una sola oportunidad.
Sobre el papel, el pronóstico luce muy parejo. La historia y el peso de la camiseta brasileña siempre cuentan, pero por el momento futbolístico de ambos equipos, los vikingos parecen llegar con una ligera ventaja para quedarse con el boleto a los cuartos de final.

